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Bienvenidos

Quizás sea sólo una botella en el mar de la red de redes. Quizás sólo sirva para desahogarse en medio de la tempestad. Quizás sólo a mi sirva. Pero quizás aporte al cambio. Y de la tempestad, tan anárquica, se llegue a un día soleado y de aguas calmas.
Utilizando la vieja dicotomía de la civilización o barbarie, hoy creo estar inmenso en la barbarie. Pero no en la definida de manera sarmientina. Lejos de ella, cerca de lo irracional. Veo irracionalidad por doquier. Veo individuos aislados que apelan al sálvese quien pueda. El Yo supremo por sobre el Yo social. Sujetos atomizados, unidos sólo por osmosis. Por geografía. No pensando en lo social. Es que no hay una sociedad argentina. No existe. Posiblemente alguna vez fue sueño, hoy ni eso. Estamos en un mismo lugar, pero pensamos en nosotros o a lo sumo en nuestro círculo más cercano. La vida del otro no tiene valor.
Pero así estamos. Sin ir a ningún lado. Eliminándonos en la marea del transito, en la delincuencia generada por la desigualdad, en la pelea por los porcentajes de los impuestos, en la contaminación de inescrupulosos empresarios, en el alza cotidiana de precios. Sálvese quien pueda. Por suerte lo único que no se mata son las ideas.

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