Del país "jardín de infantes" de María Elena Walsh al de los que adolecen. Una tierra, un marco geográfico con seres que viven sufriendo y otros a los que le gusta lamentarse. Quejarse por todo, sin mover un dedo. Esperando eternamente a que un médico o gurú nos salve. Los otros sufriendo, pero en silencio. En parajes inhóspitos, a la buena de Dios. Donde nacen, sobreviven o mueren sin que nadie se entere. Lejos de la gran ciudad, pero más cerca de Dios, seguramente.
Una ciudad de niños en la edad del pavo. De humanos que no miden el riesgo sobre su vida o la del otro. Jugando a las carreras, a la ruleta rusa. Inmaduros.
Queriendo que los cuiden, pero cuando lo hacen, no hacen caso. Queriendo reglas claras, para tan sólo violarlas un rato después de haberse impuestas.
- Por fin se les ocurre cerrar las rutas por neblina. Cualquiera puede matarse.
-¿Y tuviste que esperar?
- No pude. Me mande por la banquina.
- Pero, ¡sos la GATA FLORA!, che.

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